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Querido Red:

Si estás leyendo esto es porque has salido. Y si has venido tan lejos, tal vez estés dispuesto a ir aún más lejos. Recuerdas el nombre del pueblo ¿no? Me haría bien contar con un buen hombre que me ayude a echar a andar mi proyecto.

Estaré a la espera de tu llegada con un tablero de ajedrez preparado. Recuerda Red, la esperanza es algo bueno, tal vez lo mejor que hay y las cosas buenas nunca mueren.

Espero que esta carta te encuentre y te encuentre bien.

Tu amigo, Andy.

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Casualmente, ayer he tenido una conversación sobre cine más que interesante… ¿Las películas se deben coleccionar y volverlas a ver o una vez vistas debes pasar a las siguientes? Hay muchísimo cine por ver y no existe tiempo vital para poder abarcarlo todo, error que se comete a menudo (por lo menos yo lo hago). Si es que el refrán: “quien mucho abarca, poco aprieta” es toda una realidad. Finalmente, llegamos a la conclusión de que hay películas que necesitan ser vistas más de una vez. ¿Quién de vosotros no ha visto una película tantas veces que hasta se sabe los diálogos? ¿O una serie? Si es que cuando algo te gusta y es bueno, no hay porque tirarlo a la basura, o, más común, a la papelera de reciclaje.

Recordando algunas de esas películas que no me cansaré de ver, me acordé de un actor que siempre me encantará, Edward Norton, y un compañero de baile, Brad Pitt que como el buen vino, mejora con los años. Rescaté uno de esos discursos o frases de cine que tengo guardadas para entretenimiento y reflexión personal y me apetece compartirlo porque tiene un gran significado. Este es un momentazo de El club de la lucha del maestro David Fincher:

“La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.

No sois vuestro trabajo. No sois vuestra cuenta corriente. No sois el coche que tenéis, ni el contenido de vuestra cartera. No sois vuestros pantalones. Sois la mierda cantante y danzante del mundo.

En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del Rockefeller center. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por cepas gruesas como mi muñeca que envolverá el edifico Osheas. Y cuando se mire hacia abajo se verán figuras machacando maíz, colocando tiras de venado en el arcén de alguna autopista abandonada.”

Tras escribir el artículo de Magnolia, ayer por la noche, tuve la oportunidad de ver de nuevo una película que me había sorprendido gratamente: Blow. Al igual que la anterior, era la tercera vez que la veía. Y pensar que estuve a punto de no verla (el hecho de que apareciese Penélope Cruz en el cartel, me echaba para atrás… Si alguien sabe decirme por qué es una gran actriz, espero que me lo explique con detenimiento, porque no logro entenderlo…), ahora agradezco a un gran amigo que me la aconsejó y me explicó la historia de George Jung.

Un joven de Massachussets que pasó de no tener nada (la empresa familiar se arruinó) a ser el brazo derecho de Pablo Escobar “El Mágico”– el mayor narcotraficante de cocaína de todos los tiempos-. La historia de su vida transcurre a lo largo de toda la película, con ritmo, con intensidad y con tensión e incertidumbre acerca de lo que va a ocurrir en la siguiente escena. Imagino que esa sensación es la que tenía el protagonista a lo largo de su vida: alegría pero miedo, tranquilidad pero preocupación, relajado pero tenso. Escapaba de una niñez que no quería repetir, no quería revivir, no quería recordar. Su padre (interpretado por Ray Liotta) era su héroe. Tal como lo describe es la sensación y el sentimiento que muchos tenemos hacia nuestro padre: ser el hombre más fuerte del mundo. Pero incumplió la primera lección que le intentó enseñar su padre: “El dinero no lo es todo”.

Como el mismo protagonista reconoce: “mi ambición superaba mucho a mi talento”. El hecho de necesitar más sin saber porqué, simplemente querer tener, por poseer, es algo que le atrapaba y le hacía entrar en una espiral que se agigantaba y se iba trazando cada vez más laberíntica. Con ello, lo único que ha conseguido es perder todo lo que quería en su vida. Intento realizar una crítica sin desvelar el final del argumento, por ello, prefiero hacer un comentario más abajo, a modo de spoiler, para aquellos que no la hayáis visto (os la recomiendo encarecidamente).

Me quedo con algunas grandes frases de la película:

“Que los vientos te empujen siempre hacia delante y el sol te de en la cara. Y los vientos del destino te hagan volar para, así, poder bailar con las estrellas.”

“Ya no hay caballos blancos, ni mujeres guapas esperando en mi puerta”. 

“La vida es como el mar. Tienes que ahogarte para sentir su intensidad”.

¡No veais este vídeo si no habéis visto la película! 

SPOILER:

Realmente, lo que más me impresiona la película, es la capacidad con la que una sola persona ha podido implicar y armar semejante estrategia de tráfico y de cómo empatiza con todos los que le rodean para conseguir los propósitos de todos y cada uno de ellos. Ambicioso no siempre es igual a egoísta. Quizás si hubiese sido más egoísta no le hubiesen traicionado. La ambición también es enemiga de la precaución y la prudencia. El hecho de querer tener más, hace que acabes perdiendo lo que realmente tienes y lo que más quieres. Emocionante, triste y melancólica, la escena final que coloco en la parte superior, en la que George Jung se queda solo, pensando que su hija le había realizado una visita.

La película fue rodada en 2000 y estrenada en 2001. La hija de George Jung finalmente visitó a su padre en 2002, ocho años después de ingresar en prisión, lo que, según medios que recogieron el acontecimiento, le ha dado un hilo de esperanza y un respiro para continuar viviendo. George Jung fue uno de los miembros más importantes del Cartel de Medellín, la organización de tráfico de cocaína más importante del mundo.

AQUÍ OS DEJO LA PELÍCULA EN PEQUEÑOS CORTES DE YOUTUBE

AQUÍ, UN DOCUMENTAL SOBRE LA VIDA DE GEORGE JUNG

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