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La semana pasada, en uno de mis infinitos viajes de autobús urbano del trabajo para casa, en pleno Carnaval, con las calles abarrotadas de gente, los buses tampoco eran una excepción. En esos momentos de marabunta y bullicio social, en los que entre un pasajero y otro, la distancia es casi inexistente, aprendí una lección en cinco minutos, que no he podido extraer de las enseñanzas recibidas durante toda mi vida.

En una de las infinitas paradas que iba haciendo el bus por el centro, se subieron una abuela y su nieta. La abuela, intentándose abrir paso como buenamente podía entre la multitud que estaba en el interior de un bus, mientras su nieta, disfrazada de princesita (con el clásico disfraz con todos los inconvenientes que supone), se abría paso entre piernas, apartando brazos y colocándose la corona cuando veía que su imagen de alteza corría peligro. Cuando el bus cerró sus puertas, aunque la abuela no había conseguido llegar hasta su nieta, exclamó:

– Nena, agárrate que te vas a caer.

Los reflejos de la niña en ese momento fueron increíbles. Al ver que no contaba con posibilidad de agarrarse a ninguna barra o tener algún punto de apoyo que evitara su caída y viendo que no tenía escapatoria, se agarró a mi pierna, tirando de mi pantalón. Cuando el bus arrancó, la chiquilla, para contar con mayor seguridad y no estar en peligro, me preguntó con ternura:

– ¿Me agarras? Es que… no quiero caerme.

Ante tal situación, y dado que las curvas que tenía que coger el autocar se acentuaban, sujeté a la niña para que no cayera mientras su abuela, al fin, lograba acercarse a ella. Una vez superada la salida, abuela y nieta buscaban un lugar en el autobús donde estar a salvo de posibles caídas y choques con otros pasajeros. La niña, volvió a demostrar su habilidad y agilidad, al ver a una señora sentada. Le pregunta, exactamente con la misma ternura con la que me había preguntado a mi:

– ¿Me puedo sentar contigo? Es que si no, me caigo…

A la señora, que se le iluminó la mirada, cogió a la niña en brazos y le estuvo gastando unas bromas, riendo con ella y, en fin, pasando un viaje agradable. Cuando el autobús se fue vaciando porque los pasajeros bajaban en diferentes paradas, la abuela se acercó a su nieta, y le dice:

– Hay que ver que morro tienes niña...- le riñe su abuela- aún encima no paras de hablar.

– Abuela, hay que hablar. Hablar es bueno. Si no hablara con ese chico me “cairía” y si esta mujer no me cogiera me volvería a caer!

Más adelante, descubrí que tenía cuatro años. Y pensé: ” joder, justo los años que estuve de carrera, y esta niña, ya sabe más que yo”.

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Realmente, parece el clásico cuento de nunca acabar. Sinceramente, no lo entiendo. Existen miles de asuntos devital importancia, en un momento delicado que está viviendo esta sociedad, para que un Ministerio de Cultura se cierre en banda en poner en marcha una reforma legal con tanta urgencia y que, en lugar de favorecer, promocionar y potenciar la cultura, busca erradicarla de la red.

Llenar los bolsillos de las sociedades de autores no es cultura. Tratar a los internautas que descargan contenidos de la red como delincuentes y criminales no es cultura. Imitar modelos de países conservadores como Francia no es cultura (es un plagio, venga Sinde maja, págale los derechos de propiedad intelectual al redactor de la reforma legal francesa). Permitir que uno de los mejores cineastas, máximo representante de la Academia de Cine, abandonen su cargo,  no es cultura (teniendo en cuenta que se retira del cargo por un único y absurdo motivo, aunque algunos lo tildan de oportunista, ya que su película cuenta con 15 candidaturas a los Goya, yo no sé que pensar…). Convertir, de nuevo, un tema secundario a los intereses generales , en tema de portada en diferentes medios de comunicación, no es cultura (es política).

“La piratería destruye puestos de trabajos y frena a los nuevos talentos”. Bien, hay que reconocer que quizás la descarga de material audiovisual disminuye los ingresos en taquilla, los alquileres en videoclubs (en peligro de extinción), las ventas de discos, etc. Pero no es el peor de los males para las grandes distribuidoras. Existen muchos otros motivos por los que la gente no va al cine, no alquila películas y no compra discos. Uno de ellos es el precio. El precio de una entrada de cine ha triplicado su valor en menos de 10 años, cuando antes valía 350 pesetas (sin ser Día del Espectador). Esto por poner un ejemplo. Hay más motivos que nos podrían llevar a un intenso debate, como los cambios en los hábitos de consumo, los nuevos modelos sociales o la inminente implantación de nuevos sistemas de exhibición, que no acaban de funcionar… Lo más gracioso, de verdad, es que digan esto: frena a los nuevos talentos.

Aquí os dejo algunas ilustraciones de J.R. Mora (muy buenas)

Esto es muy gracioso. Vamos a analizar la frase. Los nuevos talentos tienen que temer a la piratería, sobre todo, cuando presentan planes, formularios, informes, presupuestos, guiones, proyectos, producciones a las subvenciones y ayudas concedidas por organismos estatales que deniegan por motivos como falta de experiencia y profesionalidad (siendo un nuevo talento, manda cojones), carencia de empresas y entidades colaboradoras (que tampoco se van a arriesgar con un proyecto novel) y, por supuesto, porque los créditos no van a ser reembolsables porque no cuentan con la inversión publicitaria de una compañía de cine establecida y asentada en el panorama nacional. Pero, lo que más les preocupa, es la piratería.

Privando a internet de uno de sus principios principales (la multilateridad de la comunicación y compartir archivos por el sistema peer to peer (P2P)), lograremos que la cultura sea libre de atentados y difamaciones, y tengamos que pagar por silbar en la ducha, una canción de Mecano (por ejemplo).

Aquí os dejo un enlace muy interesante que encontré sobre la Ley Sinde y la resume bastante bien:

http://alt1040.com/2011/01/que-es-la-ley-sinde

Además de las siguientes páginas en Facebook:

Porque la Sinde también se vaya a Somalia a combatir la pirateria

Somos más de 1.000.000 contra la ley anti-descargas, Sinde dimisión

Conoceré a la madre de los hijos de Ted Mosby por encima de la Ley Sinde

 

Flashmob en París
Flashmob reinvindicativo en París durante el pasado año

 

Cada vez son más, los nuevos formatos publicitarios. En tiempos de crisis, se agudiza el ingenio y la creatividad puede salvar e incluso lograr cotas más altas de popularidad e impacto de las campañas publicitarias. Hemos comprobado como las campañas de marketing viral han ido evolucionando en esta primera década de siglo, al igual que el marketing de guerrilla y las acciones en social media (campañas en Facebook, Youtube y Twitter).

Hoy, a través de un vídeo que he visto en la página BriefingGalego, me gustaría hablaros del flashmob:

El flashmob, que literalmente quiere decir multitud instantánea, o ráfaga multitudinaria, supone una acción en la que una multitud de grupos realizan o desempeñan una actividad organizada que a la vista parece totalmente improvisada pero está perfectamente planificada y ensayada. Se trata de un evento original y exclusivo, muy inusual y anteriormente no visto. Este evento se realiza, por lo general, en puntos de interés o referencia de ciudades (preferentemente, grandes urbes) o lugares de elevada afluencia. Tras su realización, se expande por la red (a través de canales de vídeo como Youtube y Vimeo y las redes sociales) para que generen interés y causen repercusión mediática.

A continuación, os coloco un vídeo de un flashmob organizado por 1906 (Estrella Galicia), en la Plaza de la Quintana de Santiago de Compostela.

Para más información sobre los flashmob, visitad este enlace

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