Es increíble ver imágenes en televisión de las grandes estrellas de la gran pantalla. Esa sensación de glamour y de opulencia y ese momento de cruzar una alfombra roja mientras los flashes de las cámaras ciegan y obnubilan cualquier retina. Sin duda, la pequeña ciudad costera de Cannes es la capital mundial del cine en la segunda semana de Mayo. A lo largo de nueve días, se abre el mercado audiovisual más importante (en esta misma ciudad se celebran el MIPcom, MIPtv y el MIPjunior), se presentan las consideradas mejores películas de todo el mundo (practicamente todos los años hay representación de los cinco continentes) y se vive el paseo de las grandes estrellas, tanto actores como directores y productores de primera línea. Sin duda, la posibilidad que tuve hace dos años de pisar esa alfombra, ver a esas estrellas y asistir a ese gran mercado, ha sido una de las más gratas y satisfactorias de toda mi vida.

A pesar de tratarse de un Festival de Cine independiente en el que las majors estadounidenses no tienen cabida, se presentan grandes superproducciones (como fue el caso hace dos años de UP de Pixar o Ágora de Alejandro Amenábar) y también películas intimistas de bajo presupuesto que consiguen conectar con el espectador a través de un argumento impactante y original. Es importante subrayar, que no siempre la Palma de Oro de Cannes, es la mejor del momento, ya que, aunque la francesa Entre les murs (La clase) y la alemana The White Ribbon (La cinta blanca) son auténticas joyas; necesitas tomarte cuatro cafés para ver de un tirón la rumana 4 meses, 3 semanas y 2 días, con un argumento y una historia muy interesante pero con un ritmo lento y soporífero.

En fin, una LXIV edición que se nos va, y nos deja como ganadora una interesante apuesta con Brad Pitt y Sean Penn como abanderados y protagonistas titulada El árbol de la vida del director Terrence Malick (que a su vez escribió el guión de la obra y cuenta bajo su batuta con obras como La delgada línea roja y Malas Tierras). El director texano presentará el próximo año una nueva película, todavía sin título, que cuenta en su reparto con Javier Bardem. A pesar de tratarse de una película bastante alabada por el público, la crítica tilda al Jurado de favorecer a una obra hollywodiense con enmascarados toques de cine de autor. No puedo juzgar, puesto que no la he visto, pero reconozco tener muchas, muchas ganas de verla.

Pero, sin duda, lo más sonado de esta edición ha sido el escándalo del director danés Lars von Trier. Provocador e inconformista de naturaleza (ya había generado controversias en 2009 con su obra Anticristo), en esta ocasión, ha realizado unas declaraciones con ánimo de burla e ironía en las que afirma tenerle simpatía a Adolf Hitler con las siguientes palabras:

“Comprendo a Hitler y le tengo un poco de simpatía, aunque creo que no era un buen tipo”. “Creo que (Hitler) hizo malas cosas, sí, absolutamente, pero puedo imaginarlo sentado en su búnker, al final”.

El Festival lo declaró persona non-grata y lo expulsó de la LXIV edición, pero se trató de una sanción personal, ya que su película Mellancholia participó, consiguiendo un premio a la Mejor Actriz Principal para Kirsten Dunst. El director, tras este anuncio, afirmó que no iba a volver a dar una rueda de prensa.

En fin, el Festival de Cannes es un placer para los sentidos, pero no se puede obviar que es el objetivo de los medios de comunicación a nivel internacional y cualquier salida de tono se puede magnificar de semejante manera (con esto no defiendo para nada las palabras de Lars von Trier). Es decir, la mediatización supone tener que saber estar y saber qué decir, ya que, von Trier, por querer hacerse el gracioso, se quedó sin la posibilidad de disfrutar del espectáculo.

Aquí os dejo un enlace de las próximas películas presentes en Cannes que serán estrenadas en España

Anuncios