Archive for marzo, 2011


Muchos de vosotros habéis escuchado esa frase de… “No hay pregunta sin respuesta“. Pues bien, hace justo una semana, tuve la oportunidad de ponerme delante de un grupo de quince chavales que estaban atentos a todo lo que yo les decía. No debería estar nervioso, había hecho presentaciones y organizado actos, pero la voz me temblaba al principio y no sabía si les estaba interesando lo que estaba diciendo… Estaba mucho más nervioso que en cualquier presentación de trabajos, informes o salón de actos como tengo estado. Y a otro se le podría ocurrir decir aquella otra frase: “Sólo son niños“.

Me quedé impresionado cuando vi que no me quitaban la vista de encima. Me centraba en explicar el contenido y atender a sus preguntas. Cada vez que un niño levantaba la mano y decía con su clásica voz: “Profeee… tengo una pregunta”, por dentro pensaba: “Espero tener la respuesta”. Afortunadamente, he podido responder a sus preguntas con mayor o menor solvencia… Lo que no me imaginaba era que ellos mismos se respondían a las preguntas antes de ni tan siquiera tener que formularlas. O que un niño que aún no levanta más de un palmo y medio del suelo, te responda a tu pregunta, ¿qué es para vosotros una red social? de la siguiente manera:

“Sistema de comunicación para establecer contactos a través de la red con otros usuarios“. De nuevo, volví a pensar, 4 años estudiando (o bien, no estudié suficiente, o bien, las nuevas generaciones vienen pisando muy fuerte…

En fin, fue todo un placer acudir al CEIP Caixanova de Vigo a dar esta charla sobre redes sociales, y compartir un momento muy agradable con los niños y su profesora. Por supuesto, agradecer al profesorado y al director del centro, la oportunidad de hacerle llegar a los chavales lo poco que sé y hacerme pensar a mí mismo que tengo algo de idea de esto.

Aquí os dejo la presentación, por si os apetece echar un vistazo! 😀


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La semana pasada, en uno de mis infinitos viajes de autobús urbano del trabajo para casa, en pleno Carnaval, con las calles abarrotadas de gente, los buses tampoco eran una excepción. En esos momentos de marabunta y bullicio social, en los que entre un pasajero y otro, la distancia es casi inexistente, aprendí una lección en cinco minutos, que no he podido extraer de las enseñanzas recibidas durante toda mi vida.

En una de las infinitas paradas que iba haciendo el bus por el centro, se subieron una abuela y su nieta. La abuela, intentándose abrir paso como buenamente podía entre la multitud que estaba en el interior de un bus, mientras su nieta, disfrazada de princesita (con el clásico disfraz con todos los inconvenientes que supone), se abría paso entre piernas, apartando brazos y colocándose la corona cuando veía que su imagen de alteza corría peligro. Cuando el bus cerró sus puertas, aunque la abuela no había conseguido llegar hasta su nieta, exclamó:

– Nena, agárrate que te vas a caer.

Los reflejos de la niña en ese momento fueron increíbles. Al ver que no contaba con posibilidad de agarrarse a ninguna barra o tener algún punto de apoyo que evitara su caída y viendo que no tenía escapatoria, se agarró a mi pierna, tirando de mi pantalón. Cuando el bus arrancó, la chiquilla, para contar con mayor seguridad y no estar en peligro, me preguntó con ternura:

– ¿Me agarras? Es que… no quiero caerme.

Ante tal situación, y dado que las curvas que tenía que coger el autocar se acentuaban, sujeté a la niña para que no cayera mientras su abuela, al fin, lograba acercarse a ella. Una vez superada la salida, abuela y nieta buscaban un lugar en el autobús donde estar a salvo de posibles caídas y choques con otros pasajeros. La niña, volvió a demostrar su habilidad y agilidad, al ver a una señora sentada. Le pregunta, exactamente con la misma ternura con la que me había preguntado a mi:

– ¿Me puedo sentar contigo? Es que si no, me caigo…

A la señora, que se le iluminó la mirada, cogió a la niña en brazos y le estuvo gastando unas bromas, riendo con ella y, en fin, pasando un viaje agradable. Cuando el autobús se fue vaciando porque los pasajeros bajaban en diferentes paradas, la abuela se acercó a su nieta, y le dice:

– Hay que ver que morro tienes niña...- le riñe su abuela- aún encima no paras de hablar.

– Abuela, hay que hablar. Hablar es bueno. Si no hablara con ese chico me “cairía” y si esta mujer no me cogiera me volvería a caer!

Más adelante, descubrí que tenía cuatro años. Y pensé: ” joder, justo los años que estuve de carrera, y esta niña, ya sabe más que yo”.

Son días de fiesta. Días en los que la mañana se acerca volando y la tarde y la noche se abrazan para unirse a la música, el baile, las risas y la compañía de los amigos. Son sensaciones y sentimientos los que afloran en el Entroido de Verín que nadie puede explicar a no ser que se acerque al municipio ourensano.

La música de las orquestas y charangas, la fariña tirada por toda la Plaza Mayor, las carreras de los cigarrones y sus “chocantes” chocas y la alegría de los carnavaleros ronda por todo el pueblo. Nadie se quiere ir para casa en ningún momento. Nadie se quiere perder ni el más mínimo detalle. Todos, verinenses y visitantes disfrutan juntos de un Entroido auténtico y lleno de sentimiento.

Es increíble ver cómo los verineses viven, sienten y disfrutan el Carnaval. Es su momento. Es su semana. Esperan ansiosos durante todo el año a que llegue el Entroido. Bien, yo no soy de Verín, pero dos años de Entroido han hecho una mella tal en mi que sé que estaré esperando con muchísima ilusión el próximo Entroido.

En fin, por si alguien no se ha dado cuenta, por si no lo saben, por si quieren saber lo que es pasárselo como un enano….

VIVA O ENTROIDO, VIVA VERÍN!

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